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Las personas tenemos nuestra parte de responsabilidad en la gestión de una situación de emergencia grave y/o catástrofe.

Junto con nuestra unidad familiar, constituimos la primera unidad de intervención para salvaguardar la integridad y restablecer la normalidad lo antes que sea posible en un contexto adverso o calamitoso.

Por eso, proponemos un Plan Familiar de Emergencia, que permite organizar una respuesta ágil y eficaz. Para eso, es necesario que todos los miembros de la unidad familiar conozcan los riesgos potenciales en su entorno y establezcan un punto de encuentro o vías de evacuación si las condiciones lo exigieran.

Además, la familia debe conocer los aspectos básicos y esenciales del historial médico de cada uno de sus miembros. Esto es, posibles alergias, grupo sanguíneo o incapacidades. También será muy útil que cada uno dentro de la unidad familiar tenga claro a quién llamar dentro y fuera del núcleo de población para ponerse a salvo o pedir algún tipo de ayuda.

Por último, todos tienen que tener una tarea asignada, como explicamos en el siguiente gráfico: